EL FRAGMENTO DE LAS MÁQUINAS: MARX Y EL FUTURO DEL TRABAJO
El avance explosivo de la inteligencia artificial y la reciente atención en los sectores productivos sobre la invasión y proliferación de agentes algorítmicos que amenazan afectar el futuro del trabajo y el trabajo del futuro ha traído al discurso público el debate sobre la afectación al empleo en diferentes vertientes. Ya no solo es preocupación la substitución de empleados por agentes en tareas rutinarias, sino también en otras tareas de mayor reto intelectual.
Se conoce que en cada revolución tecnológica los empleos son afectados y que ha existido un proceso de destrucción y creación que no es métrico ni homogéneo, pero que sin embargo da lugar a balancear de alguna manera el desplazamiento y pérdida de plazas laborales que el cambio tecnológico genera. Ahora, a diferencia de las anteriores revoluciones industriales, este cambio tecnológico es más acelerado, la conectividad social y de máquinas es ubicua y de gran penetración.
El aumento de capacidades humanas ya no solo es mecánico, sino también cognitivo, lo que hace que las condiciones se complejicen dando lugar a un entorno que la humanidad no había experimentado anteriormente y que ello requiere de análisis y reflexión profunda para no solo entender las implicaciones y consecuencias de este nuevo contexto, sino también para explorar iniciativas y acciones que permitan a la sociedad percatarse de lo que acontece y para prepararse ante los cambios abismales que el “empuje tecnológico” al que estamos todos sujetos está creando.
Con base en lo anteriormente expuesto y movidos por el interés de comprender los procesos históricos que nos han llevado a la actual condición, autores de diferente procedencia social y profesional han traído al crisol del discurso público ideas cuya trascendencia es relevante para comprender elementos que contribuyen al entendimiento del proceso evolutivo de la relación sociedad-tecnología.
Una de estas contribuciones es la relativa al documento de Karl Marx conocido como los Grundisse. Este manuscrito fue desarrollado entre 1857 y 1858 pero vio la luz hasta 1939, no obstante, fue hasta 1953 que fue accesible en occidente cuando la editorial Dietz de Berlín publica los Elementos Fundamentales de la Crítica de la Economía Política (Grundisse der Kritik del Politischen Okonomie) [1].
Desde entonces, estos documentos, los Grundisse, han acaparado la atención de lectores y autores contemporáneos. La sección particular de los Grundisse, el libro VII, relativa al capítulo sobre el Capital fue bautizada como el Fragmento de las Máquinas, en forma abreviada el Fragmento, cuya relevancia tiene un carácter premonitorio de cara a los efectos de los agentes de la inteligencia artificial en el actual y futuro contexto laboral.
En el Fragmento, Marx sugiere el surgimiento de una nueva etapa del capitalismo caracterizada por la hegemonía de un trabajo inmaterial, relacional y afectivo que progresivamente impregnaría la totalidad del entramado social, relegando a un lugar secundario el tradicional trabajo manual ejecutado en la fábrica [2].
He aquí algunos extractos del párrafo 6 del Fragmento que describen la propuesta de Marx en relación con la transformación del trabajo por intervención de la máquina:
El intercambio de trabajo vivo por trabajo objetivado —es decir, la postulación del trabajo social en la forma de la contradicción entre capital y trabajo asalariado— es el desarrollo último de la relación de valor y de la producción basada en el valor.
Su presupuesto es —y sigue siendo— la masa de tiempo de trabajo directo, la cantidad de trabajo empleado, como factor determinante en la producción de riqueza.
Pero en la medida en que se desarrolla la gran industria, la creación de riqueza real pasa a depender menos del tiempo de trabajo y de la cantidad de trabajo empleado que del poder de los agentes puestos en marcha durante el tiempo de trabajo, cuya «poderosa eficacia» es a su vez desproporcionada con respecto al tiempo de trabajo directo dedicado a su producción, y depende más bien del estado general de la ciencia y del progreso de la tecnología, o de la aplicación de esta ciencia a la producción…
El trabajo ya no parece estar tan integrado en el proceso productivo; más bien, el ser humano pasa a relacionarse como un mero vigilante y regulador del propio proceso. (Lo que se aplica a la maquinaria se aplica también a la combinación de actividades humanas y al desarrollo de la interacción humana).
El trabajador ya no inserta un elemento natural modificado como vínculo intermedio entre el objeto y él mismo; más bien, inserta el proceso de la naturaleza, transformado en un proceso industrial, como un medio entre él y la naturaleza inorgánica, dominándola.
Se aparta del proceso productivo en lugar de ser su principal protagonista. En esta transformación, no es ni el trabajo humano directo que él mismo realiza, ni el tiempo durante el cual trabaja, sino más bien la apropiación de su propio poder productivo general, su comprensión de la na turaleza y su dominio sobre ella en virtud de su presencia como cuerpo social; es, en una palabra, el desarrollo del individuo social que aparece como la gran piedra angular de la producción y de la riqueza…
Tan pronto como el trabajo en su forma directa deja de ser la gran fuente de riqueza, el tiempo de trabajo cesa y debe dejar de ser su medida, y por lo tanto el valor de cambio [debe dejar de ser la medida] del valor de uso.
El trabajo excedente de la masa ha dejado de ser la condición para el desarrollo de la riqueza general, así como el no trabajo de unos pocos, para el desarrollo de las facultades generales de la mente humana.
Con ello, la producción basada en el valor de cambio se desmorona, y el proceso de producción directa y material se despoja de la forma de penuria y antítesis.
El libre desarrollo de las individualidades, y por lotanto no la reducción del tiempo de trabajo necesario para postular trabajo excedente, sino más bien la reducción general del trabajo necesario de la sociedad a un mínimo, que entonces corresponde al desarrollo artístico, científico, etc., de los individuos en el tiempo liberado, y con los medios creados, para todos ellos.
El capital mismo es una contradicción en movimiento, pues presiona para reducir el tiempo de trabajo al mínimo, al tiempo que lo postula como única medida y fuente de riqueza.
Por lo tanto, disminuye tiempo de trabajo necesario para incrementar lo superfluo; y, por consiguiente, postula lo superfluo, en creciente medida, como condición —cuestión de vida o muerte— para lo necesario.
Así pues, por un lado, moviliza todos los poderes de la ciencia y la naturaleza, así como de la combinación y la interacción social, para que la creación de riqueza sea (relativamente) independiente del tiempo de trabajo empleado…
La verdadera riqueza no reside en el dominio del tiempo de trabajo excedente (riqueza real), sino más bien en el tiempo disponible fuera del ámbito de la producción directa, tanto para cada individuo como para la sociedad en su conjunto». (The Source and Remedy, etc., 1821, p. 6).
Como puede verse de este párrafo, Marx argumenta entonces que el desarrollo del capitalismo genera una contradicción cada vez más aguda en esta relación: la relación entre la fuerza de tra bajo humana viva y la producción de valor.
A medida que la ciencia y la tecnología se desarrollan y el capital se acumula, la sociedad capitalista produce mayores cantidades de riqueza, mientras que la maquinaria eclipsa el trabajo humano en la producción.
En los Grundisse Marx expone tanto aspectos geopolíticos como otros relativos a la condición de los trabajadores y el rol de la automatización en los procesos de producción.
Analiza cómo el sistema capitalista en su afán de de sarrollar máquinas, sustituye el trabajo humano y presenta una descripción de como el capital transforma al trabajador de su función de control a vasallo de la máquina. Es decir, se transforma al trabajador en apéndice del sistema productivo.
Como es bien conocido, la teoría económica de Marx se basa en la teoría del valor del trabajo; considera que el va lor de un bien es el tiempo de trabajo para realizarlo.
De la misma forma, considera que el valor del trabajo humano requerido para crear bienes se aproxima a cero en el momento que las máquinas realicen todo el trabajo para tal fin.
Esto trae una importante implicación: El proceso de automatización transforma (pasa por una “metamorfosis”) cuya culminación es la constitución de un sistema de maquinaria ejecutado por un autómata que consiste en organismos mecánicos e intelectuales que moldean al trabajador de acuerdo con sus funciones e interacciones con dicha maquinaria.
Bajo estas condiciones, es la máquina que posee las ha bilidades y fuerza relegando al trabajador (bajo su control) a llevar a cabo sus operaciones en forma y función en el marco operativo para el cual la máquina fue diseñada.
He aquí la interesante predicción de Marx que se extrapola a nuestros tiempos de la era de la inteligencia artificial: Cuando la automatización entra en juego en la relación hombre-máquina, el trabajo humano ya no juega un papel fundamental en el proceso de producción, más bien, el ser humano deviene como un su pervisor o regulador del pro ceso productivo [3], [4].
Dado lo anteriormente expuesto y al observar el desenvolvimiento y trayectoria del trabajo y su futuro a nivel global, es importante revisitar la esencia del trabajo no solo como el proceso para la adquisición de bienes, elevar la movilidad social o satisfacer las necesidades emocionales y materiales de los individuos, comunidades e instituciones, lo cual es importante, sin embargo, más allá de ello, el trabajo puede darnos sentido de identidad, pertenencia y propósito.
El trabajo mantiene significado colectivo al proveer una red de conexiones que forjan cohesión social. El trabajo es un servicio a nosotros mismos y a la sociedad. La manera en que se organiza el trabajo y los mercados de empleo juegan un papel determinante en el grado de igualdad que nuestras sociedades pueden lograr. Marx y otros pensadores nos ayudan a aprender a partir de analizar diferentes recortes de la realidad sobre cómo priorizar el papel humano y espiritual en la actual encrucijada.
Todos los trabajos serán afectados de alguna manera, sin embargo no todo es pesimismo y desolación, el reto será identificar el papel de la educación, del gobierno, de la sociedad en general y de las fuerzas productivas para rescatar del trabajo del futuro y el futuro del trabajo una es peranza que nos lleve a crear espacios que se centren en el bienestar común, en el empoderamiento de la sociedad para actuar sobre un futuro más promisorio que nos acer que más a lo que significa ser humano y cómo ajustamos nuestras interacciones con las máquinas a fin de servir mejor a la sociedad. Hay mucho por hacer y aprender.
REFERENCIAS
[1] Karl Marx, Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundisse)1857-1858, México, Siglo XXI, 1971
[2] Nicolás Germinal Pagura, La recepción contemporánea del “Fragmento sobre las máquinas” de Marx: crítica y lineamientos para una reinterpretación.
Revista de Filosofía 63, mayo-agosto 2022, pp. 155-192
[3] Jorge Veraza Urtuzuástegui, Karl Marx y la inteligencia artificial. Revista Trabajadores, 2018
[4] Notes on the Fragment of Machines. https://fetaat.wordpress.com/2016/06/10/notes-on-the-fragment-on-machines/